jueves, 31 de diciembre de 2009

"Adios Tercer Milenio!" (Un cuento de Fin de Año)


Era el 31 de Diciembre del año 3000.
El calor era insoportable.
Flavio estaba sentado en el balcón de su departamento en la localidad de Vicente López.
Siempre se había quejado amargamente de que el inmueble estaba ubicado de cara al mortalmente contaminado Río de la Plata, pero ahora, esa orientación era un triste privilegio por la vista que ofrecía.
El edificio se alzaba a escasos veinte metros de donde hasta hace apenas menos de un año, las sucias y grasosas aguas del río tocaban la costa.  Ese día, la bruma producida por la evaporación, apenas dejaba ver los cientos de metros de desperdicios que antes yacían bajo el agua.
Flavio bebió de la botellita de cerveza que reposaba en la mesita a su lado. Estaba caliente. Como lo estaba el agua corriente hace un par de semanas atrás, cuando aún fluía por las cañerías. Desde entonces la compañía de servicios había sido incapaz de continuar proveyendo del preciado líquido a una población que se moría de sed y calor por las altas temperaturas.
Flavio fue subiendo la mirada a través de la capa brumosa, que a medida que miraba más alto, se iba tornando rojiza y luego, más alto aún, anaranjada.
Y allá en el horizonte, en un cielo de donde habían desaparecido el resto de las estrellas, el hinchado globo del Sol asomaba a pesar de encontrarse a esas horas alumbrando el otro lado del planeta, abarcando e iluminando todo con extrañas ondas igneas.
El Sol. El centro de nuestro sistema planetario y fuente de la vida se estaba muriendo.
Se suponía que semejante cataclismo no sucedería hasta dentro de unos cinco mil millones de años al menos. Eso habían dicho los científicos. De no ser porque la humanidad estaba a punto de desaparecer, dudosamente los científicos hubieran continuado gozando de mucha credibilidad.
Al verse alterado de manera radical el ciclo nuclear mediante el cual liberaba su energía y nos calentaba en la proporción justa, en su lento proceso de agonía, el Sol estaba creciendo y continuaría haciéndolo hasta engullir a nuestro pequeño planeta.
Técnicamente hablando, al ir aumentando el tamaño de su superficie esta se estaba enfriando progresivamente. Pero al acercarse cada vez más a nosotros, las temperaturas sobre la Tierra estaban aumentando hasta llegar a límites insoportables. Y mortales.
"- Lástima no poder ver el final." dijo Flavio en voz alta pero tan solo para si mismo "Eso si que va a ser todo un espectáculo!"
Flavio se levantó de la reposera y entró al departamento.
En el pasillo que llevaba a la cocina el pequeño generador eléctrico ronroneaba rítmicamente. Durante las horas diurnas no había electricidad, ya que habiendo una sola central nuclear en el país que producía energía e incapacitadas las centrales hidroeléctricas de seguir funcionando, no era posible abastecer a todo el territorio.
Cuando las primeras versiones de la catástrofe que se avecinaba ganaron la calle, los rumores al respecto ya se venían multiplicando en la Web desde bastante antes. Sin esperar la confirmación oficial que no tardaría en llegar, Flavio comenzó a prepararse para enfrentar la tragedia. Claro que solo era para comprar un poco más de tiempo que otros desafortunados que no tenían los medios ni la previsión suficientes.
Abrió la puerta de la heladera y por un momento, sintió como la transpiración que bañaba su torso se enfriaba levemente. Tomó otra botellita de cerveza y la apoyó sobre su frente. "- Que bien se siente!" pensó y cerró la puerta de la heladera nuevamente.
Volvió al balcón.
De pasada por el living se detuvo ante el porta retratos que tenía una foto en la que estaba abrazado con su ex esposa. Aún no hacía un año de la separación. Flavio tomó el porta retratos y miró la foto con una sonrisa melancólica. Cuando fue a verla unas semanas atrás, para proponerle terminar sus días juntos como se habían prometido al casarse, descubrió tristemente que ella ya tenía una nueva pareja. Ella lo atendió en la puerta sin invitarlo a entrar y ante su nerviosismo imposible de disimular y la insistencia de Flavio, no tuvo más remedio que decirle la verdad. En ese momento Flavio vio todo rojo y su corazón dio un vuelco. Hacía rato que el sentía que ella había dejado de pertenecerle, pero ahora esa sensación era definitiva.
Volvió a apoyar el porta retratos sobre el estante y salió al balcón.
Se sentó nuevamente en la reposera y comenzó a beber de la cerveza fría.
Miró la hora en el reloj de su muñeca. Faltaban menos de veinte minutos para la medianoche.
Era extraño estar a esa hora como si fuera de día. Pero así venía siendo desde cierto tiempo atrás.
Un día eterno, opaco y brumoso.
En algunos departamentos festejaban el fin de año.
Flavio podía oír las voces y las risas. Las distintas músicas que llegaban desde esos lugares se mezclaban, sobreponiéndose al murmullo de una ciudad con escaso tráfico.
"- Eso es bueno." pensó "Que aún haya personas que asuman la tragedia inevitable con alegría!"
El ser humano había sido capaz de superar momentos verdaderamente amargos.
Sin ir muy lejos, siete años atrás, la especie humana había logrado sobrevivir a la Plaga Kriplen. Había logrado contenerla, claro que no antes de que murieran por lo menos doce millones de personas a lo largo del mundo.
Pero la humanidad había sobrevivido.
A punto de terminar el tercer milenio, el animal más evolucionado sobre la faz de la Tierra se había topado con un reto que no sería capaz de superar.
"- Esto si que da al termino 'calentamiento global' un nuevo significado! Ja, ja!" rió irónicamente.
Pasó la botellita de cerveza a la mano izquierda y con la derecha tomó la pistola que había estado todo el tiempo sobre la mesita a su lado.
Tirando ligeramente de la corredera hacia atrás, comprobó que había un cartucho en la recamara.
Miró nuevamente el reloj. Faltaban siete minutos para la medianoche.
"- Cuantas alegrías que no supe disfrutar plenamente." comenzó a meditar "Cuanto sufrimiento inflingido a otros que no supe evitar. Cuantos planes que no me atreví a realizar.
Y si, también yo he sido víctima y he sufrido! Cuanto amor que di que no supieron corresponder.
Cuanto desperdicio!
Si tan solo hubiera tenido otra oportunidad para hacer todo mejor!"
Comenzó a oír el ulular de una sirena lejana y los gritos de alegría de donde estaban festejando.
Feliz Año Nuevo!
Miró su reloj. Ya era medianoche.
Bebió un largo trago de la cerveza; extrañamente aún estaba fría.
"- Adiós Tercer Milenio!" dijo y apoyó la pistola sobre su sien.
"Si tan solo hubiera tenido otra oportunidad... que desperdicio!"
Y luego el Sol se extinguió.

Para que nos esforcemos en hacer todo mejor.
Para que podamos corregir nuestros errores.
Para que aprendamos a convivir con las decepciones.
Para que podamos ser felices.

John Doe.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

"La Cigarra y la Hormiga" (El mentiroso de La Fontaine)


Recuerdan la fábula de La Fontaine, la de la cigarra y la hormiga?
Bueno, en realidad no era como se la contaron.
En realidad era así:

La hormiga, teniendo en cuenta que llegaría  el invierno, comenzó con antelación a prepararse para sobrellevar las duras condiciones de vida que este traería.
Comenzó a salir a buscar alimentos para llenar las alacenas en su casa.
Entre las idas y venidas miró hacia la casa de la cigarra: esta estaba recostada en una reposera al lado de la pileta, cocktail en mano, escuchando música a todo volumen en un impresionante estéreo!
Pasaban los arduos días para la hormiga, que además había comenzado a transportar hacia su casa grandes cantidades de leña para mantener alimentado el fuego durante los días de frío intenso.
Iba y venía sudando bajo la pesada carga y en uno de los últimos viajes, ya habiendo caído el sol, miró hacia la casa de la cigarra: a través de las ventanas podían verse las siluetas de muchas personas bailando y también podía escucharse el ritmo de la música electrónica de esa temporada!
Así continuó trabajando sacrificadamente la hormiga hasta que se sintió satisfecha de estar preparada para afrontar el invierno, no importase cuan duro fuera.
Cuando comenzaron los primeros fríos y comenzaron a caer las primeras nieves, la hormiga se resguardó en su casa a disfrutar de las comodidades que había previsto.
Entonces, alguien golpeó a su puerta.
Knock, knock!
Y la hormiga pensó: "- Esta debe ser la cigarra que viene a pedir socorro!"
Se dirigió a la puerta y la abrió. Efectivamente era la cigarra. Pero ésta estaba muy sonriente, regiamente vestida y con un par de valijas a su lado.
La hormiga le preguntó: "- Que puedo hacer por vos?"
"- Mirá -comenzó la cigarra- a mi el frío no me gusta. Yo me voy a Francia, a la Costa Azul y así sigo de verano todo el año!"
La hormiga no podía creer lo que escuchaba!
"- Entonces que querés?" -le preguntó la hormiga, ahora víctima de una gran decepción, a la cigarra.
"- Como voy a estar fuera algunos meses, quería pedirte si podías echarle una mirada de vez en cuando a mi casa, guardarme la correspondencia y cosas por el estilo."
"- Bueno -le contestó la hormiga ya totalmente desanimada- no te preocupes."
"- Y ya que voy a estar en Francia -continuó la cigarra- puedo hacer algo por vos?"
"- Si -dijo con firmeza la hormiga- si lo ves a La Fontaine, decíle que se vaya a la reputa que lo parió!!!"

Moraleja: la virtud, queridos amiguitos, no siempre es bien recompensada!

(Autor Anónimo)

Relatado por:
John Doe (The Story Teller)

sábado, 28 de noviembre de 2009

"El vampiro de la gruta" (Decimooctava Entrega)


Leonardo Maximiliano Alonso se fue adaptando muy fácilmente a su nueva vida. Después de todo, no se diferenciaba mucho de la que llevaba antes de conocer a su nuevo mentor: vivía de noche.
Le había mentido a su hermana Sofía diciéndole que se había mudado provisoriamente a la casa de un amigo, más cerca de la Plaza 25 de Mayo. Algunas noches la visitaba, apenas caía el sol y charlaba con ella largamente hasta que iba a encontrarse con Mussat.
En realidad había disfrutado de la compañía de Sofía más tiempo del que acostumbrara antes de convertirse en vampiro. Al despedirlo luego de esas visitas, Sofía le recriminaba por su aspecto algo enfermizo. "- No te preocupes -le decía Leonardo- me estoy alimentando bien!" y precisamente a hacer eso partía.
Los cotos de caza del macabro dúo se repartían aleatoriamente por toda la ciudad, tratando de no repetir muy seguido un mismo barrio para evitar llamar la atención. No obstante, la policía había estado investigando sobre la muerte de algunas prostitutas. Teniendo en cuenta la cantidad de extranjeras que se encontraban ejerciendo la profesión en Buenos Aires, la curiosidad de las fuerzas del orden fue efímera.
Una zona que favorecían en particular, era la aledaña a la Plaza 11 de Septiembre, que luego sería conocida como Plaza Once. Hasta allí llegaban desde el interior las carretas que traían mercaderías tales como lana, cueros y vinos. El ir y venir de tantos no residentes les permitía seleccionar sus víctimas sin despertar tantas sospechas.
Debían ser cuidadosos, ya que muchos de los arrieros que pululaban por la zona eran grandes consumidores de alcohol; el alimentarse de alguien en ese estado podría resultar mortal para un vampiro.
En cierta ocasión, Musat salvó a Leonardo de una muerte terriblemente dolorosa por algo similar pero más peligroso aún.
Leonardo había cortejado a una escritora bohemia que había conocido en un antro de la Avenida de Mayo.
La había acompañado hasta su casa y simuló comportarse como un sobrio caballero, rechazando cortésmente la invitación que esta le hiciera de pasar a su casa, con el pretexto de que volverían a verse en breve. La escritora se sintió decepcionada.
Luego de una hora, Leonardo se deslizó sigilosamente en la casa de su víctima y luego en su habitación. En la oscuridad, pudo ver el cuerpo de la escritora semidesnudo que se movía al compás de la respiración. Leonardo se sentó en el borde de la cama y apartó un mechón de cabellos de la mujer dejando así el cuello a la vista. Cuando comenzó a inclinarse hacia ella, pudo oír la enérgica voz de Boris Musat:
"- Alto!"
Leonardo se dio vuelta sobresaltado "- Maldición! Que es lo que te sucede?"
"- Debes afinar más tus sentidos -le contestó Musat con un tono de ironía- pues de lo contrario podría costarte la vida!" y extendiendo su brazo, señaló con el dedo índice hacia la cómoda.
Al acercarse al mueble, Leonardo pudo ver un pequeño frasco de boticario. Lo tomó y leyó la etiqueta: Láudano! Miró a Musat con expresión perpleja.
"- Debe consumirlo con frecuencia, pues se puede oler en su transpiración. Tienes que tener cuidado con estas cosas, estas substancias en la sangre son mortales para nosotros. Cuanta ironía -dijo sonriendo maliciosamente mientras sopesaba el pequeño frasco- a algunos este vicio los ha llevado a la tumba, pero en este caso a ella le salvó la vida!" Con lo cual dio por concluida lo que era una lección de supervivencia para su discípulo.
El tiempo continuó su marcha inexorable y Leonardo se encontraba cada vez más adaptado y conforme con su nueva existencia.

No pasaron más que un par de meses para que el estado de las cosas se viera alterado de manera abrupta.
Las condiciones sanitarias y de higiene de Buenos Aires por aquella época eran mucho menos que óptimas.
El agua potable era insuficiente y las napas de agua estaban mayormente contaminadas por los desechos humanos. Si uno se dirigía hacia el sur de la ciudad, en ambas márgenes del Riachuelo contaminado por los saladeros y los mataderos, los más humildes, en especial la gente de raza negra y los inmigrantes europeos que en el último año ingresaban incesantemente, vivían en un hacinamiento inhumano e insano.
El verano de 1871 fue particularmente caluroso y húmedo y los soldados que regresaban de la Guerra contra el Paraguay trajeron consigo una forma de muerte que, dadas las condiciones reinantes se propagó por la ciudad como el fuego: la fiebre amarilla.
En esta ocasión fue Leonardo quien primero se percató de que algo extraño estaba sucediendo y fue el quien salvó la vida de su mentor.
Esa noche habían ingresado juntos en la casa de una familia del barrio de San Telmo, donde planeaban alimentarse del par de hijas adolescentes que allí vivían. Ni bien entraron en la habitación de estas, Leonardo se paro en seco. Musat ya estaba abalanzándose excitado hacia el lecho de una de las jovencitas cuando Leonardo lo detuvo.
"- No, espera! -le dijo con seguridad y firmeza- No las toques siquiera!"
"- Que es lo que te sucede?"
"- La muerte se nos ha adelantado. Están enfermas! Todo este sitio huele a enfermedad y muerte!"
Boris Musat era lo suficientemente astuto como para saber que el instinto de un vampiro era su mejor arma de defensa y que por ende, debía confiar en el de su discípulo.
"- Como tu digas mi joven amigo, como tu digas."
Y se retiraron del lugar con el mismo sigilo con que habían ingresado.

La peste comenzó a propagarse y el epicentro fue precisamente el barrio de San Telmo. En un par de meses, ya había comenzado a azotar a los barrios aristocráticos inclusive. Ese mes de Marzo, morían un centenar de personas diariamente y los hospitales comenzaron a verse desbordados. El puerto de Buenos Aires fue puesto en cuarentena y los que podían, comenzaron a abandonar la ciudad.
Fue entonces que Leonardo le dio instrucciones a su hermana Sofía para que se trasladara con la servidumbre a la quinta en la zona ribereña de San Isidro.
"- En un par de días te alcanzaré allá. Primero debo terminar unos asuntos pendientes."

Esa noche, Leonardo y Boris caminaron largamente por las desiertas calles de la ciudad.
El silencio era casi absoluto, a excepción de algún lamento aquí y allá de los moribundos que habían sido abandonados a su suerte. Los dos vampiros deambulaban por la zona donde todo había comenzado; la conversión de Leonardo, la plaga, la muerte. Siempre la muerte.
Un miasma de consistencia vaporosa flotaba en las empedradas calles vacías.
"- Puedes escucharlos, no?" -preguntó Musat. Los ecos de sus pasos fueron la única respuesta- "Nosotros seríamos maldecidos por lo que hacemos, pero he aquí que a estos pobres infelices los han abandonado a una suerte más terrible aún. La humanidad no deja de sorprenderme en su infinita falta de misericordia por los más débiles. No me malinterpretes" -prosiguió Musat- "he visto la muerte en todas sus formas y créeme que pocas cosas pueden compararse a lo que vi cuando luché contra los otomanos pero... toda esta muerte tiene tan poco sentido!"
Guardó silencio un par de minutos y comenzó nuevamente.
"- Obviamente que la plaga nos complica un poco las cosas. Deberíamos considerar tal vez otras opciones."
"- Como cuales?" preguntó Leonardo.
"- Bueno, en primera instancia podríamos mudarnos al país de la orilla de enfrente."
"- Boris, no quisiera abandonar Buenos Aires!"
"- Eres un sentimental mi joven amigo. Eso podría ser tu perdición, recuérdalo!"
"- Hice planes para mudarme a la quinta de la familia en San Isidro, hasta que pase la plaga."
Siguieron caminando sin hablar.
El paisaje era como sacado de una extraña pesadilla. En algunas esquinas podían verse los ataúdes apilados, esperando que alguno de los escasos coches fúnebres que había en la ciudad pasara a levantarlos.
Iban por el medio de la calle cuando de la puerta de una casona de la vereda a su izquierda, salieron precipitadamente dos hombres. Ambos cargaban varios objetos que parecían ser candelabros y adornos de metal plateado.
"- Mira" -dijo Musat- "saqueadores. Ni las ratas pueden ser tan despreciables como estos sujetos!"
Leonardo tuvo el impulso de echárseles encima, pero Musat lo tomó del brazo y lo detuvo. Ante el gesto de Leonardo los dos delincuentes echaron a correr con su botín.
"- Déjalos, no te preocupes. Seguramente vivirán en alguna pocilga no muy lejos de aquí y también morirán vomitando sangre como los dueños de la casa que saquearon. En ese caso podríamos llamarlo... justicia divina?" y lanzó una risa cargada de ironía.
"- Crees en Dios, Boris?"
"- Que si creo en Dios? Te diré mi joven amigo, con todo lo que he visto en mi larga vida puedo decirte que, si Dios existe, definitivamente es un sádico!"
Luego de varias cuadras sin pronunciar palabra ninguno de los dos, Musat apoyó una mano en el hombro de Leonardo y dijo:
"- Tal vez sea hora de que nuestros caminos se separen."
Leonardo había presentido eso durante los últimos días.
"- Ya te he enseñado todo lo que te hará falta para sobrevivir. Por otro lado, yo ya he perdido el interés por esta ciudad y no estoy acostumbrado a permanecer por mucho tiempo en un solo lugar. Y en cuanto a mi plan original... bueno, en esencia los vampiros somos almas solitarias. Es una estupidez de mi parte pretender andar por el mundo tratando de crear vampiros que me acompañen por toda la eternidad. Pero de haber habido alguien, ese hubieras sido tu amigo mio!"
Leonardo sintió un nudo en la garganta. En poco tiempo Boris Musat se había convertido en algo más que en su mentor, se había convertido en un amigo.
Para librarse del desasosiego que lo invadía hizo un comentario sarcástico:
"- Lo que tu necesitas es una esposa Boris!"
"- Por las gárgolas de Notre Dame! Es lo último que necesito!"
Ambos rieron un instante y volvieron a quedar en silencio.
Comenzaron a regresar en dirección a Barrio Norte. Después de todo, esta noche aún necesitaban alimentarse.

Continuará...

John Doe.

domingo, 15 de noviembre de 2009

"Sit Rep (Situation Report)"



Nada nuevo que reportar.

Nuestro dictador-comediante favorito Hugo Chávez, con un tono de voz como de quien estuviera hablando de algo casual e intrascendente, alerta a sus fuerzas armadas: "Prepárense para la guerra."
Contra quien? Pues contra Colombia. Por que motivo? Por la autorización que el presidente colombiano Alvaro Uribe le diera a los Estados Unidos para ocupar siete bases militares. Según Chávez, que siempre saca de su manga más teorías conspirativas que el escritor Isaac Asimov, este acto representa un peligro directo para Venezuela. 
Este personaje carece realmente de imaginación!
Si se lo ignora lo suficiente creo que un día se le ocurrirá como excusa para su escalada armamentista prepararse ante una inminente invasión extraterrestre!
Claro que no fue el único en quejarse; a varios gobiernos latinoamericanos les preocuparía la capacidad de espionaje electrónico que podrían desplegar los estadounidenses en la región.
Bueno, al menos de esa manera alguien se ocuparía de vigilar a tantos paramilitares, guerrilleros, traficantes y terroristas que se mueven a sus anchas por las fronteras de nuestros países, no?

El presidente estadounidense Barak Obama inició una gira por Japón, Singapur, Corea del Sur y China.
En Tokio prometió reforzar su compromiso con la región y advirtió a Corea del Norte de que habrá "... una acción enérgica y unificada de Washington y sus aliados asiáticos si no abandona su programa de armas nucleares."
WTF? Y eso que significa? A esta altura de los eventos, esa amenaza le suena a los norcoreanos como si les dijeran que se van a quedar sin regalos para Navidad!
Ojo, los norcoreanos son de cuidado! No están muy en sus cabales y tienen la flexibilidad de un azulejo, pero no son unos payasos que lanzan amenazas huecas como Chávez.
Además, a pesar de que los asiáticos se detestan mutuamente, todos, eso no evita que sientan que su modelo social, económico y cultural es superior al de occidente, al que consideran decadente. A pesar de los eventos históricos que mantienen fresca la antipatía entre la mayoría de los países asiáticos, las relaciones comerciales entre estos son profundas así que... nos vemos para el próximo lanzamiento de pruebas misilístico de Corea del Norte!
En realidad Obama vacilará en cualquier crisis como es muy propio de los presidentes del partido demócrata, para al final terminar cediendo a las presiones de los grupos más conservadores y todo para que no crean que le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones.
De hecho, luego de uno de estos típicos momentos de vacilación, terminó cediendo a las presiones del Pentágono y finalmente se decidió por enviar más tropas a Afghanistan.
Los liberales norteamericanos no se deben sentir muy felices!
Terminarán extrañando a George Bush Jr.?
Ah, casi me olvido de la República Popular China!
Los chinos retienen el poco honorable título de campeones invictos en cuanto a la violación sistemática de derechos humanos. Pero con una población de casi 1.400.000.000 habitantes y unas fuerzas armadas con 2.3 millones de efectivos, las más grandes del planeta, ni de amenazas veladas podemos hablar.
Aquí los estadounidenses aplican su política de "doble estándard" que tanto los está perjudicando a ojos de una buena parte del resto del mundo. En lugar de censurar a los chinos por portarse mal les pedirá que compren más productos americanos!
Bueno, "In God we trust" dice Washington en el billete verde.

Europa logró sobrevivir a lo que se considera la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.
El merito principal es del eje Alemania-Francia, que viene dando muestras desde hace varios años de ser un poder mundial a considerar seriamente en el futuro de occidente.
Claro que Sarkozy tiene "algo" de argentino; será por eso que me cae simpático o por estar casado con Carla Bruni?
Todo lo contrario es Angela Merkel, a quien se podría considerar el típico resultado de una crianza rígida y austera en la antigua Alemania del Este.
Será por eso que también me simpatiza?

Y si de personajes hablamos, no podemos dejar de mencionar a Don Silvio Berlusconi.
El tipo es un fenómeno; a pesar de todo, con sus salidas y exabruptos siempre puede arrancarnos una sonrisa como solía hacer Don Carlos!

Los que no están para chistes son los rusos!
En la reciente presentación en el Kremlin, en ocasión de su discurso anual a la nación, el presidente ruso Dimitri Medvedev dijo que quiere que Rusia vuelva a ser una potencia. Bueno, es lo que siempre han querido los líderes rusos desde tiempos inmemorables.
Y tienen lo necesario para lograrlo: inteligencia, cultura, patriotismo y... una falta de escrúpulos notable!
Ni bien pongan su economía en orden cuidado; la pátina de democracia que adquirieron desde la caída de la Unión Soviética es solo eso, algo superficial que disimula la verdadera esencia de este pueblo capaz, ambicioso y despiadado.

Bueno, no los aburro más!
En realidad, creo que si no surge un virus que convierta a algunos en zombies o mutantes y haga que las cosas se pongan más interesantes, la humanidad está volviéndose cada vez menos seria!

Que comiencen bien la semana!

John Doe.

lunes, 2 de noviembre de 2009

"Las Máquinas Rotas"



"Qué obra admirable es el hombre! Qué noble en su razón! Qué infinito en capacidad! Qué exacto y admirable en forma y movimiento! Qué semejante a un ángel en su acción! Que parecido a un dios en su comprensión! Es la belleza del mundo, el ideal de los animales; y sin embargo, para mí, que es esa quintaesencia de polvo?"
"Hamlet" - William Shakespeare.

Primero quise compartir con uds. esta brillante pieza. Una vez, hace ya mucho tiempo, escribí algo que encerraba el mismo concepto. Luego, cuando leí "Hamlet", me sentí como quien tratara de inventar el agua tibia.
Aún creo en gran parte en esta idea sobre lo sublime del ser humano (aunque cotidianamente veo abundantes ejemplos en sentido contrario!) Pero analizando en los últimos tiempos una variedad de situaciones, llegué a otra conclusión en la que creo paralelamente: acaso no somos como máquinas, que casi todo el tiempo y en prácticamente todos los ejemplares estamos descompuestas?
Si, como 'individuos' somos todos diferentes, pensamos y actuamos diferente y se supone que hasta cierto punto, eso nos otorga la razón a todos. Pero entonces, por que hay tantos 'individuos' que padecen serios trastornos emocionales? Y en prácticamente todo el resto por lo menos algún componente está haciendo falso contacto. Cada uno sabrá a que grupo pertenece.
Como puede ser que para algunos, una situación determinada pueda resultar intrascendente, para otros algo que merezca seria consideración y para otros parece como si fuera un signo del fin de los tiempos?
En la infinidad de matices emocionales que registra nuestro cerebro, que es lo que hace que reaccionemos ante ciertos eventos o circunstancias de manera tan variada? No recomiendo practicar la indiferencia ante todo, pero a algunos las mismas cosas les arruinan la vida, los hace infelices o hasta puede llevarlos al suicidio!
Y como solucionarlo? Con terapia?
Teniendo en cuenta lo que estoy manifestando, probablemente todos necesitemos ayuda profesional en distinto grado. Pero lamentablemente en una cantidad de ejemplos, demasiados como para preocuparme, muchos profesionales del rubro son como esos mecánicos  inescrupulosos que toquetean el motor de nuestro automóvil creyendo saber acabadamente lo que hacen; cuando lo que no arreglaron o inclusive descompusieron nos vuelva a llevar a ellos, continuaran toqueteando nuestro motor... o jodiendo nuestro cerebro!
Entonces, como darnos cuenta o quien es el técnico para repararnos?
Que terrible esfuerzo se requiere para evitar tanta indiferencia o tanto sufrimiento!
Ciertamente, cuando la máquina esta rota parece ser imposible.

"Comenzamos a reconocer en ellos una extraña obsesión. Después de todo, son emocionalmente inexpertos, con tan solo unos pocos años para almacenar las experiencias que usted y yo damos por sentadas."  (Tyrell "Blade Runner" - 1982)

John Doe.

domingo, 25 de octubre de 2009

"La Conversión"


Si, todo cambia.
El tiempo, los lugares, las personas.
Sobre todo las personas.
Pocas veces el cambio es lo que esperábamos.
Generalmente no lo que queríamos.
Yo creía que te conocía a la perfección.
Desde el principio nos fuimos mostrando tal como éramos.
Nos dijimos que nos amábamos. Lo último que imaginábamos que podía cambiar.
Pero si, todo cambia.
Creía que como mi amor, el tuyo era igual de fuerte, igual de infinito.
Como pude no darme cuenta. Como no pude creer que lo que sucedía no era algo insignificante y pasajero.
Pero ya había comenzado.
La sorpresa de la primera revelación, la primera declaración de que no sentías igual.
Me señalaste y yo miré hacia adentro.
Me culpé de algunas cosas y a la vez te señalé. Pero estabas mirando hacia otro lado.
Igual yo creía que nuestro amor era infinito.
Todo cambia, excepto nuestro amor. Yo creía.
Hasta ese día. Ese día todo cambió.
Bueno, no todo. Porque luego vino la conversión.
Luego no solo dejaste de amarme, si no que no dejabas de señalarme.
Y yo miré hacia adentro, me culpé de algunas cosas y a la vez te señalé.
Pero vos no solo que habías dejado de amarme, si no que no dejabas de señalarme.
Y luego ya no te importaba siquiera señalarme.
Luego ya no querías siquiera mirarme.
Se había completado la conversión.
Y ya no estabas.

John Doe.

lunes, 12 de octubre de 2009

"Día de la Raza" (Cristóbal Colón culpable?)


Uh, uh, uh! Por que tanto alboroto?
Llegó el 12 de Octubre y en gran parte de nuestro continente se festeja el "Día de la Raza".
Bueno, lo que se dice festejar es una exageración; en nuestro país estas fechas son una excusa para tomarnos el día libre o como diría el gobierno (cualquiera de los últimos) fomentar el turismo y el consumo.
Fine by me! No soy un fundamentalista en cuanto a lo que trabajar se refiere. Cumplo y sobradamente, ya que no conozco otra forma de costearme mis hobbies y llenar la heladera, pero si me dan a elegir entre tomarme un feriado para descansar o cantar odas al trabajo... no digan que no les avisé.
Pero algunas posiciones adoptadas frente al significado de esta fecha son verdaderamente reaccionarias.
Por ejemplo, en Venezuela se festeja (sic) como el "Día de la Resistencia Indígena" (sic again!)
Si Cristóbal Colón viviera y se presentara en la actualidad en algún foro continental, imagino a Chavez diciendo "huelo a azufre en este recinto!"
En realidad, lo de Venezuela refleja un criterio revisionista de buena parte del continente respecto al proceso de colonización hispánico de estas tierras y el trato que le dispensaron a los nativos de latinoamérica, como así también en los Estados Unidos y Canadá por el desplazamiento del que sus indígenas fueron objeto durante la conquista de los territorios salvajes.
A ver, a ver... como comenzó ésto?
Colón sabía que la tierra era redonda. Bueno... todo el mundo lo sabía!!!
Un tal Washington Irving, tal vez el primer biógrafo de Colón, fue el responsable de popularizar el mito de que los europeos creían que la tierra era plana. Con 175 ediciones de su libro publicadas antes de que finalizara el siglo XIX, no es de extrañar que nos lo creyéramos (es por éso que amo Internet!)
Pero joder, que nadie era tan bruto en materia de navegación en esos tiempos. Menos aún los portugueses y los españoles! El "astrolabio" era entonces y hasta la invención del "sextante", el principal instrumento de navegación y basaba su funcionamiento precisamente en el concepto de que la tierra era redonda. De hecho en el siglo 2 a.c., Eratóstenes había medido la circunsferencia de la tierra con un increíble grado de precisión.
Pero nuestro benemérito Cristóbal había asumido erróneamente una medida menor de la circunsferencia del globo terráqueo (probablemente el libro de Eratóstenes estaba agotado, je!), otorgándole a cada grado en una carta de navegación, una distancia menor en millas de la que realmente tiene. Es por éso que el Navegante Genovés estaba convencido de que el viaje hacia el oeste, a las Indias Orientales, a través del gran Mar Océano (el Atlántico) era realmente posible.
Pero el verdadero as en la manga de Colón era su conocimiento, aparentemente no difundido en su época, de la circulación de los "vientos alisios". Sin este conocimiento, inclusive un viaje de la distancia y duración del que terminó realizando en realidad, hubiera condenado a cualquiera a morir de hambre y de sed (calláte y seguí remando!)
Cristóbal Colón presentó su proyecto a las cortes de Portugal y luego a la de los reyes católicos de España. En ambos casos un comité dictaminó lo que todos, menos Colón, parecían saber: que la distancia a Asia había sido mal calculada y juzgada demasiado corta. No obstante, con la intención de evitar que Colón llevara su proyecto a otro lado y para mantener las opciones abiertas, los reyes católicos le otorgaron una renta anual importante para mantenerlo atado.
Cuando los reyes católicos conquistan Granada, el último baluarte musulmán en la península ibérica, el reino español se encuentra en una virtual bancarrota. Con Cristóbal Colón aún merodeando, la expedición comienza a tomar forma.
Y aquí es donde retomamos el eje central de este post.
Que no quede ninguna duda: la expedición de Cristóbal Colón y que dio como resultado el descubrimiento de nuestro continente fue desde el principio y a toda luz una empresa comercial.
Financiada a medias por inversionistas privados italianos y por los reyes católicos españoles, estos últimos desesperadamente necesitados de volver a llenar las maltratadas arcas reales, la principal y tal vez única motivación de la empresa fue la de obtener ganancias económicas!
Y aquí podemos utilizar la palabra empresa en su acepción más amplia, ya que la negociación de los términos del contrato entre Colón y los reyes católicos contemplaba las principales posibilidades de usufructo y reparto de los beneficios a obtener.
Y entre estos, como cualquier otro commodity que se encontró en el Nuevo Mundo, estaban los nativos.
Algunas fuentes de investigación consideran a Cristóbal Colón directamente responsable de la muerte de entre 1 y 3 millones de nativos en los primeros 15 años de colonización del Caribe.
Por ser el primer europeo en arribar al Nuevo Mundo (bueno, el primero fue en realidad Leif Ericson, un explorador nórdico que arribo al extremo norte del continente unos 500 años antes que Colón. Teniendo en cuenta como actuaban los vikingos con los pueblos conquistados, parecía que la suerte de los nativos ya estaba echada de todos modos, no?) introdujo la práctica de la esclavitud de una manera que ni los Mayas o los Aztecas se hubieran imaginado.
De todos modos, cuestionar a esta altura eventos de la historia que resultaban inevitables en el proceso del progreso económico-cultural del que hoy nos beneficiamos los occidentales me parece una cretinada hipócrita y una falta de honestidad intelectual totales.
Que pensarían si los actuales egipcios trataran de obtener una reparación por sus antepasados muertos durante la construcción de las pirámides? Realmente a nadie le importaría!
Con esto no digo que ese era el trato que merecían los nativos americanos, nada más lejos de lo que pienso. Pero esta corriente revisionista tan solo sirve para entretener a los liberales culposos que pareciera que siempre andan buscando alguna causa noble para expiar el pecado de vivir dignamente y no como en la edad de piedra.
Considero que la historia de la humanidad no siempre fue justa con todas las partes involucradas, pero no por éso siento la necesidad u obligación de disculparme por el curso que tomó la civilización occidental para traernos hasta el presente.

Con ánimos de reconciliación, Feliz Día de la Raza!

John Doe.

domingo, 11 de octubre de 2009

"El vampiro de la gruta" (Decimoséptima Entrega)


"- Luego de varios días de viaje, en parte debido a las inevitables paradas para calmar la insaciable sed de sangre del príncipe llegamos a Vienna, entonces la capital del reino de Matthias Corvinus.
El príncipe Vlad había sido prisionero del rey húngaro, pero debido a las simpatías que se había ganado entre otros líderes cristianos europeos por su fervorosa campaña contra los otomanos, Corvinus no solo debió liberarlo sino que además le permitió contraer matrimonio con su prima Ilona. El rey apenas toleraba al príncipe de Valaquia y debió haberse sentido aliviado cuando este partió de su forzada estadía en Hungría a reconquistar sus propios dominios de manos de los turcos. La noticia sobre la muerte de Vlad Draculea ya había llegado a Vienna y a pesar de su antipatía por mi señor, Corvinus lamentaba su desaparición aunque estrictamente en términos políticos y estratégicos. Obviamente que todo esto me había sido explicado por el príncipe, ya que por ese entonces yo solo era un simple soldado sin conocimiento alguno en estos temas.

Esa misma noche, mi señor partió para saciar su sed y luego para hacerle una visita al rey. Nos habíamos instalado en una residencia dentro de los muros de la ciudad y yo me quede protegiendo el lugar de descanso del príncipe. Me encontraba agotado por el largo viaje por lo que inevitablemente no tarde en quedarme dormido.
Me desperté sobresaltado por un ruido; Draculea había regresado y se encontraba furioso."

'- Ese maldito cobarde! Mercader de favores políticos! Cobarde gusano!' gritaba el príncipe.

'- Que ha sucedido mi señor?'

'- Que ha sucedido? Pues que ese estupido pretencioso casi se muere del espanto al verme aparecer en sus habitaciones y una vez que se repuso comenzó a llamar a los gritos a sus mercenarios. Tuve que despacharme a varios de ellos y ni modo de lograr hacer entrar en razones a Corvinus. Mi salida de su palacio no fue nada digna, he de reconocer, pero tampoco podía quedarme y esperar que toda la guarnición se me echara encima. Definitivamente no podremos contar con la ayuda de esa rata traidora!'

"Pasaron los días y se había establecido una rutina que casi de inmediato comenzó a resultarme insoportable. Mi príncipe salía todas las noches en busca de la preciada y necesitada sangre y yo cuidaba casi todo el tiempo del lugar, a excepción de unos momentos luego del amanecer en los que salía a la ciudad en busca de alimentos para mi persona. Cuando Draculea regresaba de sus excursiones nocturnas, si estaba de buen humor, charlábamos largamente hasta que se aproximaba el alba. Mi señor era extremadamente culto y me resultaba un placer escucharlo debatir sobre los más variados temas. Como dije, yo era simplemente un soldado pero al oír de boca del príncipe las maravillas que albergaba el mundo, un deseo irrefrenable comenzó a crecer en mi interior. Quería explorar la infinita cantidad de tesoros que la humanidad me ofrecía, más allá del umbral de la que se había convertido en una cárcel para mí. Tenia sed de conocimiento, una sed que se hacia mas acuciante con el paso de los días.

Yo conocía los estados de ánimo de mi señor y una noche que este se encontraba de buenas, probablemente por haber hecho su victima a alguna hermosa joven, me decidí a hablarle. Los sentidos de percepción dignos de un depredador del príncipe le hicieron que se me adelantase.

'– En que estas pensando mi fiel Boris? A pesar de que tratas de parecer el de siempre, tu mente esta distraída en pensamientos verdaderamente profundos. Puedo sentirlo, como puedo sentir como se acelera tu corazón mientras te digo esto.'

'- Es cierto mi señor, no podría ocultárselo por mas que quisiera. Tengo una incertidumbre muy grande. Que nos depara el futuro?'

'- A que te refieres Boris?' Su astuta mirada trataba de penetrar mi ser mas intimo. Normalmente me hubiera sentido intimidado, pero mi mente estaba guiada por ese deseo que se había enquistado irreversiblemente en mi ser. Sentía que no había vuelta atrás. Quería la libertad!

'- Mi señor, le suplico humildemente que me releve de las tareas presentes!'

'- Pero Boris, sabes que eres la única persona en este mundo en la que puedo confiar para tal tarea!'

'- Lo se mi príncipe. Yo soy un simple soldado y siempre me sentí orgulloso de cumplir con mis tareas como tal, pero ahora no siento lo mismo. Me siento honrado de servir bajo sus ordenes, de haber combatido a su lado a los herejes otomanos, pero…'

'- Pero?'

'- Pero gracias a usted ahora se que el mundo es tan vasto que quisiera conocerlo, que quisiera disfrutar de todas sus maravillas, de todos los conocimientos que encierra!'

Se me quedo mirando fijamente. Yo esperaba una de sus típicas explosiones de furia. Pero no. Me sorprendió con una mirada llena de humanidad y compasión, cualidades que pocas veces había visto yo en este hombre duro y cruel. Y ahora que ni siquiera era un hombre si no un demonio en busca de venganza, lleno de resentimiento por sentirse abandonado por la fe que defendió con tanto fervor, me miraba con satisfacción sana. O éso yo creía.

'- Boris, mi querido Boris. Creo que después de todo tendré arreglármelas sin ti! Pero mis razones son egoístas. Te concederé lo que me pides. Pero te concederé mas aun, te obsequiare el medio para que el mundo no te mezquine todo lo que deseas. Te obsequiare, la inmortalidad!'

Estas últimas palabras sonaron a mis espaldas. Sentí como sus colmillos se clavaban en mi carne. Y luego, la noche eterna me cubrió con su manto."


Me levante de la silla y comencé a estirarme. Hacia ya rato que el extranjero había iniciado su relato pero lo vertiginoso e increíble de los eventos que relataba, me hacían parecer que solo habían transcurrido minutos.Boris Mussat también se levanto y comenzó a caminar pausadamente con las manos a sus espaldas.

"- Entonces así fue como se convirtió en… un vampiro?"

"- Así es mi joven amigo."

"- Y cuando dice que sucedió esto?"

"- En el año 1476. Hace ya largo tiempo."

"- Y que ha hecho desde entonces?"

"- Inicialmente lo que me había propuesto. Viaje mucho ciertamente. Primero las grandes capitales europeas. Aprendí las lenguas más importantes para poder estudiar y comprender a la humanidad en profundidad. He pasado incontables noches en los más importantes museos y bibliotecas de Europa. Eso me llevo inevitablemente a otros lugares, otros continentes. Admiré y estudié todas las culturas y civilizaciones desde Europa, hasta el Medio Oriente y Asia.No pude evitar volver a Vienna en un momento crucial; en el año 1683 Suleyman El Magnifico fue derrotado a las puertas de la ciudad. Luego de 300 años de combates entre los reinos centro europeos y el imperio otomano, pude regocijarme viendo a los turcos ser expulsados de mi antigua patria."

"- Y Draculea? Aun se encontraba en Vienna? Volvió a verlo?"

"- Lo intente. Pero por más que me esforcé no me fue posible encontrarlo. Pero si me encontré con su prole. Lamentablemente debo decir que no eran dignos del regalo de la inmortalidad. Unos salvajes tan solo preocupados por los festines de sangre y placeres mundanos. Escuché tan solo habladurías respecto al paradero del príncipe, pero nadie parecía tener contacto con el o haberlo visto en tiempos recientes. A pesar de que me encontraba entre los de mi propia especie, no me sentía cómodo en absoluto en su compañía. Tal vez era que todo obedecía al plan original de mi señor y su intención de vengarse contra el Todopoderoso, convirtiendo a sus criaturas en bestias sedientas de sangre y no en otra cosa.

Volví a Paris donde convertí a algunos miembros de la realeza, en un ilusorio intento de tener a algunos de mi especie con quienes compartir todo lo que yo había descubierto, todos los conocimientos que había acumulado. Pero la indolente nobleza tenia ya mas en común con los vampiros que yo había encontrado en Vienna que con mis propias aspiraciones. Mi torpe experimento solo dejo como legado a tres demonios sedientos de sangre pero de gustos refinados. De cualquier manera la ciega furia Jacobina posterior a la revolución de 1789 dio cuenta de un par de ellos. El tercero desapareció, probablemente en busca de tierras más saludables y en donde aun se respetaran las prebendas a las que estaba acostumbrado. Aun no he vuelto a cruzármelo.

No debería alegrarme ya que nuestra especie es tan pequeña en número, pero el mundo no extrañará a estos ignorantes que, teniendo la eternidad por delante solo se preocupan por satisfacer sus más bajos instintos en lugar de acrecentar su sabiduría.Y es así que, en busca de sangre nueva y con renovadas esperanzas vine a estas tierras."

Me di cuenta que permanecía con la boca abierta, mirando obnubilado a este extraño que me había relatado una historia tan increíble que me hacia dudar si estaba despierto o soñando.

"- Y por que a mi?"

"- Y por que no?" me respondió el extranjero "A pesar que en primera instancia no pareces mejor que mis vampiros parisinos, no perteneces a ninguno de los extremos de la escala social y eso mi querido amigo, por ahora me parece suficiente razón a falta de otras mejores!"

"- Me siento agotado, no se que pensar!"

"- Ha sido suficiente por hoy. Mañana continuaremos. Ahora debemos ponernos a resguardo ya que pronto va a amanecer. Sígueme!"

Pasamos a una gran habitación contigua donde, una vez que la luz de las velas inundó el lugar, pude ver en el centro de la misma dos ataúdes.Así comenzó para mí, como lo llamara el extranjero, la noche eterna.

Continuará…

John Doe.

domingo, 20 de septiembre de 2009

"El vampiro de la gruta" (Decimosexta Entrega)


"- Que? Como?" Dijo Leonardo casi gritando. "- Como que vacío?"
"- Si, vacío. Como lo escucha."
"- Y... que hizo?"
"- Bueno, cuando me recobré de la sorpresa y volví a escuchar el ruido de los sarracenos revolviendo el monasterio, me di cuenta que era tal vez la única oportunidad que tenia de escapar con vida. Obviamente se habían olvidado momentáneamente de mí en su desesperación por atrapar al príncipe Vlad. Uno de los monjes me facilitó su capa y con la capucha cubriendo por completo mi cabeza me dirigí hacia la entrada principal. Ocultándome en las sombras y escurriéndome pegado a los muros, pude aprovechar la distracción de los turcos que frenéticamente iban de un lado a otro, dando vuelta todo lo que estuviera suelto y hurgando en cada recoveco. Al pasar por la entrada del monasterio pude ver los cadáveres de mis camaradas. Aferré con fuerza la daga que mi odiado enemigo no había encontrado y que en ese momento era mi única arma. Corrí lo más rápido que pude hasta que llegué a la arboleda y luego seguí corriendo sin detenerme. A cierta distancia de donde estaban los botes, ahora custodiados por los turcos, me deslicé en las aguas del lago y nadé hasta la otra orilla.
Luego de eludir a las tropas otomanas por un par de días, me dirigí primero a Bucuresti y luego de vagar sin saber que hacer, decidí volver al castillo de mi príncipe en Poenari.
Tardé varios días a través de las montañas hasta llegar a la aldea de Arefu.
Allí los aldeanos se encontraban en estado de conmoción. Cuando manifesté que me dirigía a la fortaleza del príncipe Vlad fui advertido vehementemente: "- Ahora el Diablo vive en el castillo!" Aparentemente culpaban a los ocupantes del castillo de ciertas muertes que habían ocurrido en los últimos días. Teniendo en cuenta el cruento trato que mi príncipe había dispensado a los lugareños en el pasado, no me extrañó que se refirieran al lugar en esos términos.
Descansé un par de horas y luego comencé el ascenso al castillo para llegar antes de la caída del sol.
Llegué a la cima del risco y a la entrada de la fortaleza Poenari cuando la luz del día se escurría tras las montañas. Me llamó la atención que no hubiera guardias a la vista. Ingresé y mi sorpresa continuó aumentando ya que el lugar parecía desierto. Entré a la torre principal y como el lugar ya estaba en penumbras, encendí las velas de un candelabro que encontré. Cual fue mi decepción al confirmar que el castillo estaba absolutamente deshabitado. Una larga mesa ocupaba el centro de la gran estancia. Apoyé el candelabro y me desplome sobre una de las sillas que se alineaban a los lados de la mesa. No sabia que hacer. A pesar de que el lugar estaba helado, el cansancio me fue ganando de a poco y me fui quedando dormido.
Pensé que estaba soñando y que estaba escuchando el quejido de los moribundos en la batalla, pero el sonido parecía llegarme desde un sitio más cercano que mis recuerdos. Ya no sentía frío.
Comencé a cobrar conciencia lentamente y a despertarme. Al abrir los ojos lo primero que note fue que el salón estaba iluminado por la luz de docenas de velas en candelabros ubicados aquí y allá. En uno de los extremos de la estancia un gran fuego ardía chisporroteando. Y luego lo vi a El!
Se encontraba de espaldas a mí, inclinado sobre algo. Pero pude reconocerlo porque llevaba las ropas de la ceremonia de su funeral. Entonces escuché nuevamente el quejido, un llanto apagado.
'- Mi señor, es usted?' pregunté. La figura comenzó a erguirse y a darse vuelta. Cuando se hizo a un lado pude ver que era lo que producía el llanto: una joven de negros cabellos ensortijados se encontraba en el suelo, su desnudez apenas cubierta por una sabana, sus ojos entrecerrados y un hilo de sangre que se derramaba por uno de sus hombros. Miré a la figura de pie a su lado. Si, era el príncipe Vlad Draculea, el terror de los turcos, el defensor de la cruz.
'- Bienvenido a casa mi fiel Boris!' Cuando habló pude ver que su boca estaba manchada con sangre. Se pasó el dorso de la mano limpiándose.
'- Mi señor, es usted realmente? Yo lo vi... muerto!'
'- Y ciertamente lo estuve, pero no por mucho tiempo."
'- Pero... y la ceremonia. Y cuando le sepultaron? Entonces usted estaba vivo, por que se dejó sepultar?"
'- Porque el ritual así lo requería.' Mientras me hablaba, acariciaba los negros cabellos de la joven que yacía a sus pies '- Un ritual que practicaba cierta tribu pagana de los Carpathos que se dice, tenía trato con el Diablo. Ahora gracias a ese ritual me he convertido en inmortal! Soy quien reina en la noche y mi poder no tiene limites! Y ahora me alimento de las criaturas de Dios!'
Sujetó a la joven de sus cabellos y se inclino nuevamente. La mordió a un lado del cuello y comenzó a beber de la sangre que manaba. La joven emitió nuevamente un leve quejido y su cuerpo comenzó a aflojarse. Por ultimo dejó escapar un suave sonido estertóreo y su cuerpo se relajó por completo. El príncipe Vlad se levantó y soltó el cuerpo ya sin vida de la joven.
'- Ahora hablemos de lo que nos depara el futuro!' dijo.
Y yo me quedé mirando a la joven que yacía en el suelo.

A la mañana siguiente bajé a la aldea de Arefu a ejecutar una vez más la tarea que mi señor me había encomendado. Conseguí un carro y un par de caballos. Ante la curiosidad hostil de los aldeanos, dije que debía transportar unos baúles con pertenencias del antiguo dueño del castillo a requerimiento de su familia. Los habitantes de Arefu proferían maldiciones y se persignaban, mirando temerosos pero con odio hacia la cima de Poenari: una joven de una granja cercana había desaparecido esa noche. Como hablaban de organizar una partida para salir a buscarla, decidí terminar mi comisión en la aldea y volver rápidamente. No pensaba terminar linchado por un grupo de granjeros, luego de haber evitado la muerte a manos de los turcos.
Una vez de regreso en la fortaleza, cargué el ataúd donde mi príncipe descansaba resguardándose de la luz del día. Acomodé otros baúles con sus pertenencias arriba del carro de manera que el ataúd quedara oculto a la vista y cuando estuvo todo listo partí hacia el destino que me había ordenado: Hungría, el reino de Matthias Corvinus, primo de la segunda esposa del príncipe Vlad Draculea.

Continuará...

sábado, 5 de septiembre de 2009

"El vampiro de la gruta" (Decimoquinta Entrega)


Leonardo se quedó sin habla. Lo que había escuchado le daba vueltas en la cabeza. Pero un concepto por sobre todos los demás atrajo su atención: inmortal.
Sería cierto, o este sujeto era tan solo un chiflado? Su comportamiento ciertamente no era el de alguien alienado. Demostraba una fortaleza de carácter y seguridad de si mismo obvias. Pero, sería cierto?
"- Seguramente tendrás muchas preguntas para hacer. No quisiera que te quedes con ninguna duda. Anda, pregunta lo que quieras, pregunta!"
No sabía por donde comenzar. Todo le resultaba tan irreal, tan increíble.
Comenzó por lo primero que le vino a la mente: "- De donde dijo que venía usted?"
"- De Valaquia, en Rumania. Es de donde mi ya desaparecido señor era originario. Has oído hablar de la Orden del Dragón?"
"- No, en absoluto."
"- Pues ciertamente mi pregunta no podría tener otra respuesta. Prácticamente nadie fuera de la Orden la conoce."
"- Entonces..." dijo con tono inquisitivo Leonardo.
El extranjero se levantó y adoptó una postura de dignidad, como si fuera a pronunciar un importante discurso.
"- Lo que te contaré, será todo lo que necesitas saber sobre el comienzo de nuestra estirpe."
Y así comenzó su relato:
"- Mi familia, los Musat, hemos sido fieles servidores del Príncipe Vlad Draculea de Valaquia. El Príncipe Vlad, el azote de los turcos, el último líder de la Orden del Dragón.
Antes de partir hacia su última batalla, mi señor me confió su plan secreto. Sabía que la suerte estaba echada y que ya no podría derrotar una vez más a las huestes de Mehmed II, el Conquistador de Constantinopla. A pesar de la superioridad numérica de sus ejércitos, el sultán había sido humillado demasiadas veces y mi príncipe sabía que en su derrota no se le concedería misericordia alguna. Los tormentos que mi señor había inflingido a los prisioneros turcos debilitaron la moral del sultán, quien dejó la campaña en manos de sus subordinados y regresó a Estambul. Pero al retirarse también dejó una orden estricta: quería que la cabeza del príncipe Vlad le fuera enviada en una bandeja.
La noche previa a la batalla mi señor me llamó y me dio su última orden para mí. Me pidió que reuniera a una docena de guerreros de mi más absoluta confianza y que con este grupo tomaríamos parte en la batalla ante una única eventualidad. Recuerdo sus palabras como si las hubiera escuchado hace tan solo un momento. Me dijo, que si lo viéramos caer víctima del acero otomano, no deberíamos permitir que capturen su cadáver. Su cuerpo debía ser recuperado en una sola pieza. Me tomó firmemente de ambos hombros y mirándome fijamente a los ojos me dijo '- Solo así podré regresar del más allá; si Dios todopoderoso me abandona cuando estoy defendiendo su reino de sus enemigos, pues entonces yo renunciaré al reino de los cielos y regresaré de la muerte para vengarme!'"
El extranjero ahora caminaba alrededor del extremo de la larga mesa. Hablaba y gesticulaba apasionadamente.
"- Al despuntar el día comenzó la batalla. Ocultos en una arbolada colina cercana vimos el combate sin poder intervenir, pues esa era la orden que me había impartido." Leonardo pudo ver que los ojos de Musat se llenaban de lagrimas "- Como combatió mi señor! Fue glorioso haberlo visto, blandiendo su espada y exterminando a los invasores otomanos con cada golpe que asestaba! Todo empapado por la sangre de sus víctimas parecía un demonio segador de toda vida!" Entonces el rostro de Boris Musat se ensombreció de repente "- Pero sucedió lo inevitable. En un momento mi príncipe quedó rodeado por un puñado de soldados turcos y uno de ellos logró darle una estocada mortal con su lanza.
Ese era nuestro momento. Nos lanzamos al galope y cruzamos rápidamente entre las líneas turcas. Luchamos breve pero salvajemente hasta que logré llegar hasta el cuerpo de mi señor. Lo cargué sobre un caballo y nuevamente en desenfrenada carrera nos abrimos paso entre el enemigo saliéndonos de la batalla.
A duras penas pudimos escapar. Los seis que quedamos con vida nos dirigimos con el cuerpo del príncipe hacia el monasterio en la pequeña isla de Snagov.
Cuando llegamos, los monjes que también habían sido comisionados por mi señor para esta tarea nos ayudaron a cruzar el cuerpo en un bote. Ya estaba cayendo el sol y se aprestaron para la ceremonia funeral que tendría lugar esa misma noche. Nosotros no podríamos presenciarla, pero como los turcos estarían tras nuestro rastro decidimos montar guardia para defender el lugar y evitar que interrumpieran la ceremonia.
La noche cayó sobre el monasterio. Pudimos ver por última vez a nuestro señor. Sus heridas habían sido lavadas y estaba vestido con unas ropas majestuosas. Los monjes se llevaron el cuerpo hacia la capilla principal, donde ya estaba preparado frente al altar el lugar de su sepultura.
Nos dispusimos en la entrada del monasterio decididos a detener a quien fuera. Un viento frío comenzó a soplar y las nubes en el cielo comenzaron a dispersarse, dejando a la vista el enorme disco de la luna. Pasaron las horas y entonces, cuando faltaba poco para el amanecer, comenzamos a escuchar el cántico de los monjes. Un coro monocorde hacía de fondo a una voz que declamaba y que por momentos parecía que impartía extrañas órdenes. Reconozco que no pude resistir la curiosidad. Dejando a mis hombres de guardia me dirigí oculto entre las sombras por un costado de la capilla. Trepando entre los bloques desparejos de las rocas que formaban el muro, pude llegar a la altura de una de las pequeñas ventanas laterales. Cuando miré hacia el interior de la capilla la escena me sobresaltó: el príncipe Vlad de Valaquia estaba parado, de espaldas al altar, mirando el lugar de su sepultura! Estaba con vida! Se acercaron un par de monjes y lo ayudaron a recostarse dentro de un ataúd. Le pusieron la tapa y lo bajaron a la pequeña bóveda frente al altar. Luego, pusieron sobre la bóveda una losa y a su vez taparon esta con una alfombra exquisita. Yo estaba atónito! Si estaba con vida por que lo sepultaban? La ceremonia parecía estar llegando a su fin y cuando los monjes se disponían a salir de la capilla, bajé silenciosamente del muro y volví a reunirme con mis hombres. Los primeros rayos del sol comenzaban a insinuarse tras las montañas cuando nos avisaron que el funeral había concluido."

Boris Musat se quedó en silencio y se sentó. Su mirada, fija en sus manos sobre la mesa y los largos cabellos ondulados cayendo a los lados de su rostro manteniéndolo en sombras.
La incredulidad de Leonardo había dado paso a la fascinación. Estaba extasiado por el relato.
"- Pero... lo sepultaron con vida? Que sucedió? No se detenga, continúe por favor!"
El extranjero levantó la vista y miró a Leonardo. La misma mirada mezcla de odio e indolencia que había percibido antes. Pero luego su rostro se relajó y comenzó a hablar de nuevo.
"- Ese día nos llegó la noticia de que los turcos estaban rastrillando la zona. Era cuestión de tiempo para que alguien que nos hubiera visto dirigiéndonos hacia el monasterio, cediera a la brutalidad otomana y hablara. Parecía que nuestra misión fracasaría a pesar de todo. No éramos suficientes para evitar que los turcos se llevaran el cadáver del príncipe Vlad y enviaran su cabeza a Estambul. Nos quedaba una única opción. Ya que con el ejército del sultán buscándonos no podíamos aventurarnos de día, esperaríamos a que cayera la noche y nos llevaríamos el ataúd con el cuerpo del príncipe a algún lugar más seguro.
Aprovechamos a descansar, aunque la visión de lo que había presenciado durante la noche no me permitió conciliar el sueño de manera continua.
Había logrado quedarme dormido cuando los monjes nos despertaron abruptamente. Los turcos estaban cruzando hacia la pequeña isla. Ya era tarde, habíamos fracasado!
Con mis hombres tomamos posiciones en la entrada del monasterio, decididos a hacer un último acto de resistencia. El sol ya se ocultaba rápidamente tras las montañas y comenzamos a divisar las antorchas del enemigo aproximándose hacia el monasterio. A último momento se me ocurrió una idea desesperada. Mientras mis hombres resistirían todo lo posible, sacaría el ataúd de mi señor y lo arrojaría a las aguas del lago. Confié mi plan al grupo y con los soldados turcos ya a la vista corrí hacia el interior. Los monjes se espantaron ante mi idea. El sonido de acero contra acero ya se podía oír en la entrada del monasterio y ante la desesperación, traté de ingresar a la capilla. Los monjes se abalanzaron sobre mí y me encontraba forcejeando con ellos cuando la horda otomana se presentó. Intenté desenfundar mi espada pero me fue imposible, ya que fui rodeado y sujetado por varios soldados de tez morena y rostros salvajes. Uno de ellos, seguramente su comandante, vociferó unas ordenes y junto con los monjes nos empujaron dentro de la capilla. Una vez adentro, miré automáticamente hacia la tumba de mi señor. Cual sería mi sorpresa al ver que la alfombra y la losa que la cubrían estaban desplazadas. El comandante turco se dirigió a las zancadas hacia la tumba y se detuvo al pie de esta. Luego de un momento, giró y me echó una mirada furiosa. Se acercó hacia mí y comenzó a gritarme, sin que yo pudiera entender una sola palabra de lo que decía. Mientras me sujetaban, me golpeó hasta casi dejarme inconsciente mientras continuaba gritándome. Me soltaron y caí al suelo de fría piedra. A pesar de que estaba totalmente desorientado, pude ver que también se la agarraron a golpes con los monjes. Salieron de la capilla a toda velocidad y por los ruidos que pude escuchar, parecía que estaban desbaratando el monasterio. Me incorporé con mucha dificultad y trastabillando caminé hasta la tumba. Me asomé a la pequeña bóveda y miré en su interior. La tapa del ataúd estaba tirada a un lado y el ataúd... estaba vacío!"

Continuará...

John Doe.

sábado, 8 de agosto de 2009

"El vampiro de la gruta" (Decimocuarta Entrega)



El eco del disparo en el estrecho pasillo me dejo ensordecido. El humo de la pólvora y la falta de luz me impidieron ver por un momento y cuando pude volver a distinguir el escenario... el sujeto había desaparecido! Habría salido corriendo hacia la calle? Imposible!
De repente, sentí como alguien me sujetaba por los brazos y me arrastraba hacia el interior del conventillo, hacia el patio central. El tirón fue tan violento que me impidió pronunciar palabra alguna. No sentía el suelo bajo mis pies y me pareció que los pulmones se me vaciaban de aire. Cuando fui depositado nuevamente sobre el piso embaldosado, las piernas se me aflojaron y caí de rodillas.
No había terminado de caer en esa posición cuando sentí un dolor lascerante en el costado de mi cuello. Me estaban mordiendo! Si, sentía los dientes hundiéndose en mi carne, el cálido aliento y la humedad que iba aumentando. Esa era mi sangre! Ese fue el último pensamiento coherente que tuve; inmediatamente me invadió una sensación de estupor y perdí el conocimiento.

Comencé a despertar como si estuviera recuperándome de una resaca; la única diferencia era la ausencia del clásico dolor de cabeza. Me sentía mareado y me costo un gran esfuerzo incorporarme.
Parecía que estaba a oscuras, pero poco a poco mi visión comenzó a ajustarse y empecé a distinguir en las penumbras. La habitación estaba iluminada por la amarillenta y débil luz de algunas velas ubicadas sobre una mesa y un aparador. Y en el extremo de la mesa, algo fuera del alcance de la tenue iluminación, estaba sentado el.
Instintivamente busque en mi cintura el revolver, pero inmediatamente me di cuenta que ya no lo tenia.
"- Nunca dejan de maravillarme estas herramientas. Son objetos fascinantes. Y si bien no todos pueden apreciarlo, de un alto valor estético." dicho lo cual, empujo mi revolver delante suyo. "Pero lamento decirle que no le será de utilidad conmigo! Lamentablemente para usted, aunque el tiempo dirá si realmente lo lamentará!"
Era el sujeto extranjero con quien había hablado brevemente en el reñidero de gallos. Entonces recordé lo que había sucedido en el conventillo.
"-Maldito imbécil, me mordió! Acaso es un animal o no le han enseñado a pelear como un hombre?" Me frote el cuello donde sentía la mordida; se podían palpar dos punciones muy nítidas "lo voy a matar como a un perro rabioso!"
Me incorpore trastabillando y me abalance sobre la mesa, estirando el brazo para alcanzar mi arma. El extranjero sin sobresaltarse volvió a tomarla y apoyo ambas manos sobre ella.
"-Ya le dije que no podría hacerme daño con su arma, pero de todas maneras, no queremos escandalizar a los vecinos, no es así?"
Tuve que apoyarme sobre la mesa para no caer. Acerque la silla que tenia mas a mano y me senté pesadamente.
"-Que es lo que quiere? Si se trata de dinero le advierto que perdí todo en las riñas de gallos!"
"-Si. Allí y en lo de la señorita que visito luego. Muy bella la joven húngara, aunque bebe demasiado para mi gusto. Bueno, eso le salvo la vida. "
Lo mire y estaba por comenzar a decirle que si le había hecho daño a Esther lo mataría, pero como si hubiera adivinado mis pensamientos me hizo un gesto con la mano deteniéndome.
Recién en ese momento comencé a prestarle atención al personaje.
Lo primero que llamo mi atención fueron sus manos. De dedos finos y largos y con las uñas crecidas mas de lo normal para un caballero. El color de la piel era de una blancura enfermiza y su textura parecía como encerada. Entonces vi bien por vez primera su rostro. Este era de corte anguloso y con unos pómulos bien marcados. Sus labios eran gruesos y su boca tenia dibujada una sonrisa despectiva. Un ancho bigote la coronaba, extendiéndose hacia los costados y hacia abajo, mas allá de la comisura de la boca. Eran de un castaño casi negro, al igual que sus cabellos, que onduladamente caían sobre sus hombros. Y sus ojos. Esos ojos que yo había visto resplandecer en el pasillo del conventillo eran los ojos de un depredador. Tenían una expresión feroz, como si encerraran un odio capaz de rivalizar con la furia de los poderosos dioses griegos. Ese rostro encerraba muestras de la brutalidad mas extrema y de una inteligencia que traspasaba los limites del tiempo. Lo mire fijamente y note que el me contemplaba con un aire de indolencia, a pesar de sus ojos llenos de odio.
Los pelos de la nuca se me erizaron y no pude evitar que una corriente de escalofríos me recorriera el cuerpo por completo. Entonces comenzó su relato.
"-Escucha con mucha atención joven Leonardo, pues te contare sobre mi linaje. Pertenezco a una estirpe inmortal, de la que no se tiene memoria cuando surgió. Somos los dueños de la noche y nuestro poder es superior al de cualquier otra criatura sobre la tierra. Nuestra sangre conserva la nobleza de los que han pertenecido a nuestra estirpe. De sangre nos alimentamos para sobrevivir y sobreviviremos aun cuando los nietos de los nietos de los mortales ya se hayan convertido en polvo. Somos la nueva raza. Nos llaman vampiros, pero somos el nuevo hombre!"

Continuará...

John Doe.